MI QUERIDO HERMANO: No puedo negarme por más tiempo el placer de aceptar la amable invitación que me hizo, la última vez que nos despedimos, a pasar unas semanas con ustedes en Churchhill; así pues, si a usted y a la señora Vernon les conviene recibirme ahora, espero que dentro de unos días me presenten a una hermana a quien hace tanto tiempo que deseo conocer. Mis buenos amigos de aquí me instan con el mayor afecto a prolongar mi estancia, pero su natural hospitalario y alegre los lleva a una vida de sociedad demasiado intensa para mi situación y mi estado de ánimo actuales; y aguardo con impaciencia la hora en que me acojan en su delicioso retiro.
Anhelo que me presenten a sus queridos hijitos y pondré el mayor empeño en ganarme un lugar en sus corazones. Pronto necesitaré toda mi entereza, pues estoy a punto de separarme de mi propia hija. La larga enfermedad de su querido padre me impidió prestarle la atención que por igual me dictaban el deber y el afecto, y tengo sobrados motivos para temer que la institutriz a cuyo cuidado la confié no estuviera a la altura de su cometido. Por ello he resuelto ponerla en uno de los mejores colegios privados de Londres, donde tendré ocasión de dejarla yo misma de camino a su casa. Estoy decidida, como ve, a que no se me niegue la entrada en Churchhill. Sería, en verdad, sumamente doloroso para mí saber que no estuviera en su mano recibirme.